Cuando tu hijo se va haciendo mayor, es fácil que lleguen los conflictos con pequeñas cosas del día a día, que nos sepas cómo afrontar algunas situaciones en las que tú y él pensáis de manera diferente.
Con frecuencias, en estos casos, es fácil perder la paciencia y que el niño termine llorando o con una "rabieta", que se podría haber evitado si supiéramos cómo hacerlo.