viernes, 8 de junio de 2012

¿Comparas a tu bebé con otros?


Todos nos hemos comparado alguna vez con alguien o nos han comparado los demás y no nos suele gustar demasiado la experiencia ¿verdad? Entonces, ¿por qué tendemos a comparar tanto a nuestros hijos con los de otros?

Siempre se ha dicho que las comparaciones son odiosas, pero el que más o el que menos lo ha hecho alguna vez (incluida la que escribe).

Desde antes de nacer, ya los comparamos. Comparamos nuestras barriguitas con las de todas las embarazadas que vemos o conocemos, para ver si yo tengo más tripa o menos, si la tengo más alta o más baja, más redonda o más de pico...

Cuando el bebé nace, lo seguimos haciendo aunque no nos demos cuenta. Lo que más solemos comparar los padres, durante los primeros meses, son el peso y la talla, las horas de sueño, cada cuanto tiempo comen, si lloran mucho o poco y aquello que deberían hacer a esa edad, y no hacen, según lo que dicen los libros, revistas o artículos que leemos en internet. o lo que dicen las abuelas o familiares.

A modo de ejemplo ¿quién no le ha preguntado a la vecina o a una amiga si su bebé ya se da la vuelta solito cuando tienen 4 ó 5 meses y se ha preocupado si el suyo todavía no lo hace? ¿Y quién no le ha preguntado a otra mamá si su bebé duerme toda la noche y se ha sentido mal si el el otro lo hace y el suyo no? Y a la inversa, si le dicen que el suyo  hace lo mismo, ¿no respira más aliviada esa mamá?

Lo cierto es que todos los días, cada vez que nos encontramos con otros papás, lo primero que hacemos es hablar de nuestros hijos. Y es lógico, son el centro de nuestras vidas y nuestro mundo gira a su alrededor, pero una cosa es intercambiar información y opiniones y tomar nota de las cosas buenas para aplicarlas, (siempre que se puedan cambiar) y otra es comparar a nuestros hijos queriendo que sean iguales que los demás niños.

Curiosamente, cuando comparamos solemos quedarnos más con lo negativo que con lo positivo, sobre todo las mamás, (mi hijo come menos, mi hijo duerme peor, mi hijo está más pequeño, mi hijo no es tan listo...). Y eso lleva al inconformismo y a no querer lo que se tiene, sino a desear lo que no se tiene. Es decir, a no querer a nuestro hijo como es, a no aceptarlo. Los adultos también somos así y lo hacemos con nosotros mismos y tampoco deberíamos compararnos tanto como padres. Cada uno lo hace lo mejor que sabe y puede.

En muchos casos, las comparaciones con los demás generan frustraciones y envidias y al mismo tiempo, son fruto de la inseguridad. Aquellos que se comparan con otras personas, de manera habitual, lo hacen porque se sienten inseguros sobre algún aspecto de su vida, de su personalidad o de su físico.

Cada niño es un mundo y unos se dan la vuelta antes y otros después, unos aprenden a andar antes y otros después, como todo en la vida. Si tu hijo está sano, tarde o temprano hará lo mismo que los demás, no te preocupes y no tengas prisa. Disfruta de cada momento y no pienses en lo que hará, sino en lo que ya hace y antes no hacía.

Como decimos, hablar con otros padres de nuestro hijos es normal, es bueno y es deseable, pero intentar que se parezcan a los hijos de otros no lo es tanto. Por eso,  lo mejor y más saludable para toda la familia es que no los comparemos con nadie, y menos aun con sus hermanos, porque se les puede hacer mucho daño con tanta comparación, son personitas con sentimientos y pueden sufrir mucho pensando que no gustan a sus papás y que a estos les gustaría que fueran diferentes.

Cada persona es única desde el mismo momento de la concepción y por tanto, hay que quererla tal y como es.

No comparemos tanto a nuestros hijos y todos seremos más felices.





8 comentarios:

  1. A veces la comparación es una forma de refirmarse en las decisiones que vamos tomando en cuanto a crianza se refiere, otras veces es una manera de compartir vivencias y adquirir información pues cuando se es padre por primera vez es todo tan nuevo y diferente a lo que conocíamos que andamos un poco perdidos...
    Otras veces es una comparación que como bien dices solo lleva a envidias, relaciones morbosas que no aportan nada positivo e impiden que aceptemos a nuestros hijos tal y como son: seres únicos e irrepetibles.
    Muy buenas reflexiones!

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  2. María, es cierto lo que dices. A veces la comparación nos reafirma en nuestras decisiones o en la forma de criar y hay que quedarse con esta forma de verlo. Aquello que nos lleve a querer que nuestros hijos sean diferentes, hay que evitarlo.
    Gracias seguirnos y comentar una vez más.
    Un abrazo,

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    Respuestas
    1. Totalmente de acuerdo con tu artículo Raquel,
      no es nada sano comparar a nuestros hijos con otros niños. Cada uno es único e irrepetible, es precioso y maravilloso ¿qué más da quien se da la vuelta antes, o quien aprende antes a leer?
      Cada uno tenemos nuestras destrezas y nuestros hijos también.
      Un beso!
      Pilar

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    2. Es cierto Pilar, cada uno tenemos nuestras destrezas y los más pequeños también. Mil gracias por pasarte por nuestro blog y por dejarnos un comentario. Es un lujo tenerte por aquí.
      Un beso para tí también.
      Raquel

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Llevas razón en lo que dices. Comparar o compararse con los demás es muy malo; Dios nos ha hecho a todos diferentes (únicos), y como dice el refrán: 100 hijos de un mismo vientre y todos diferentes. Así que respetemos y aceptemos a nuestros hijos tal y como son, dándoles mucho amor y mucha comprensión. Eso les hará crecer seguros y libres; así que gracias por estas reflexiones que nos vendrán muy bien a todos.

    Un saludo.

    Que Dios nos ayude.

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  5. Me ha encantado. Nunca habría que comparar, todos somos diferentes y eso es lo bueno de la vida, que cada uno pueda aportar según su personalidad.
    Pero tenemos esa tendencia a estandarizar y a sentirnos aliviadas cuando los demás hacen lo mismo, qué incoherencia ¿no?
    Lo bueno es darse cuenta de ello para poner remedio.

    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Mónica, muchas gracias por visitarnos y por tu comentario. Nos alegramos de que te haya gustado nuestra entrada. Como bien dices, lo importante es poner remedio cuando nos damos cuenta de que estamos haciendo algo mal, pero no sólo con nuestros hijos.
      Un abrazo y bienvenida. Esperamos seguir leyéndote por aquí.

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